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SAN BLAS

 

La Riviera nayarita tiene bellezas incontables, es cierto. Pero quizá pocas están tan encerradas en su mundo de magia como el Puerto de San Blas. Anclado a su interesante historia al igual que sus buques cuando descansan de los días de pesca, es un sitio custodiado por el tiempo, por las murallas de su fuerte y por la luz de su faro; tiene sabores de mar y de leyendas, colores de atardecer bermejos y azules que emergen de las aguas.

Es un pueblo donde la gente trabaja muy en serio, donde al acuacultura y la pesca se hermanan para ser cada día mayores proveedores de los pobladores. Es un sitio donde salen a flote dondequiera que se mire las oportunidades de negocio, desde los platanales y manglares hasta las redes camaroneras y el burbujeante turismo que parece inquieto por crecer.

La historia le tiene un lugar bien guardado a este puerto bañado por playas de ensueño, por risas de niños que rompen el silbar del viento. Parece que es un pueblo sumido en el letargo pero nada más lejos de la realidad porque San Blas está listo para ser socio económico del mundo y de los pueblos que decidan que es tiempo de crecer juntos.